UNO
Sabía que era un milagro, de hecho cuando sonó el teléfono
me alegré, había en mi cabeza una resaca de dos días de beber cerveza y ¡Ho
gloria! Descolgué el teléfono de la casa y grité un poco:
--¡Sí bueno?
--¿Es usted Marcos García?
--¿Quién quiere hablar con él?
--¿Usted participó en el Concurso Nacional Salvador
Gallardo Dávalos con el seudónimo de Louis Armstrong?
--¡Sí! Así es.
--Pues le tengo una buena noticia: usted ganó el concurso.
--¡Ho! ¡Pues qué bien! Entonces cuál es el siguiente paso…
El siguiente fin de semana ya teníamos acordado la fecha:
había que salir en coche de la CDMX y llegar a Aguascalientes… Y mi madre y mi padre lozanos divorciados se
juntaron por mí y nos fuimos en un Tsuru blanco a la provincia. Era el año
2002.
DOS
El sabía que era afortunado, de hecho, yo le marqué y le di
la noticia, lo estuve entreteniendo porque dije: “para que no se la crea”. Le
dije que se lo ganó como hasta seis minutos después de que contestó.
--¿Bueno?
--¡Hola Marcos García, soy tu maestro de literatura de la
preparatoria Benito Juárez!
--¿Ha chingá? ¿Dónde queda eso?
--¿Cómo que dónde? ¡Pues en Aguascalientes? Te acuerdas que
te corrieron de ahí porque te encontraron bebiendo cerveza cerca de la escuela
en horas de clase… Eras todo un escritor maldito. ¿Sí sabes quiénes son los
poetas malditos verdad?
--Por supuesto, pero qué ¿raro que me marque usted no?
Le recordé lo grandioso que él decía que era la clase que
yo le daba, creo que era la única clase que de verdad le gustaba.
--¡Te ganaste el premio Salvador Gallardo Dávalos 2002!
Él estaba borracho cuando le marqué.
--¿Y usted cómo sabe?
--Ahora soy el jefe del departamento de ediciones del
Instituto Cultural de Aguascalientes, lo sé porque hace rato en la mañana
abrimos las plicas y resultó ganador por el jurado compuesto por Beatriz
Espejo, Guillermo Samperio y Agustín Monsreal, la plica que decía fuera: “Louis
Armstrong”
--Sí ése soy yo.
--¡Felicidades cabrón! Te esperamos el próximo fin de
semana, ya hay reservación para ti en un Hotel y dos acompañantes.
TRES
Fue ése García Caballero el que se lo ganó, su libro se
llamaba Edad en el alba, él había trabajado conmigo en el INEGI. Lo fui
a ver ese día en el ICA en un foro, el lugar estaba medio lleno, después de
todo, el Salvador Gallardo Dávalos es un Premio Nacional. Él no se dio cuenta,
pero el lugar estaba lleno de jóvenes que estaban verdes de envidia.
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