domingo, 7 de junio de 2026

AÚN CIERTO PASQUÍN WEB POR MARCOS GARCÍA CABALLERO

 

POR MARCOS GARCÍA CABALLERO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Cuando un escritor ha adquirido un público,

es tiempo de que escriba para él.”

Guillermo Cabrera Infante, Infantería.

“El infierno y el paraíso me parecen

desproporcionados. Los actos

de los hombres no merecen tanto”.

Jorge Luis Borges

“¡Vaya con el amor! Con las maldades se

hace uno querer; con la pasión, odiar.”

Robert Walser

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A Bernardo Ruiz, crítico, escritor, maestro generoso.

A Eduardo Casar, su contemporáneo.

A mi gran amor Anilú Hernández Bastida,

escritora y maestra brillante, 

A mis padres Víctor García Mota y

Adriana Caballero Miranda. A Isela Mejía.

A Mayra Gutiérrez Romero, por esos ayeres.

A Iván Ríos Gascón, porque conoció mis inicios

en el oficio de escritor y porque me brindó su

amistad generosa como si nada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

UNO

 

Desde esta ciudad espejo de ausencias, señores, irradiando la palabra al lado de estos drenajes y fritangas; oscuro cacto construido de miradas, desolada blancura al amanecer como crepúsculo que viaja sin dejar aterrizar un solo dardo, noche de incendio, tramado como ramajes sobre crestas de alces solitarios, banquete y holocausto de nuestras efímeras catarsis, ciudad, prendados todos de calaveras, espuma, huesos y ésta fina gente, estos plumajes en ciertos paisajes, todo un mundo de soledad para caerse muerto con su trofeo de cara de cerdo; todo ha sido desacralizado ya; no hay ya nada sagrado bajo el sol. Al otro lado del mundo hay una inentendible guerra avanzando. De mientras, lleno de lo exterior edulcorado y consuelo desafiante pretendo aquí llegar a ser. En la provincia es otra la experiencia: los ojos atónitos pendejos se refractan estallando en alas con polvos de sol, sábanas intensas de luz (verdaderamente, estimado Efraín Huerta), que amaríamos cordialmente los mexicanos si fuésemos aunque sólo un día, hermanos unos de otros. Ten aliento. Proyecta este rompecabezas híbrido y poético. Deséenme suerte.

 

Joven abuelo, mi único héroe a la altura del arte: con esta pedacería ignota se han construido las provincias del país, sospecho que Cristóbal nonato está equivocado: el PRI que no le gustaba a Fuentes no es lo que rige hoy. Entre tanto, vuelos de nocivas bestias cruzan Morelos, o zonas de Mesoamérica, los vuelos de las drogas, me refiero, que son la función y talacha de tanta convención corrupta, alimentan el andamiaje sonoro de las existencias ultraterrenas. Todo ha sido ya escrito: no hace falta ni una coma, ni sudor y menos tinta, pero paradójicamente, dijo Borges, nada está escrito todavía sobre literatura. Ser Borges en estos días… ¿Ha estas alturas será posible eso? Ricardo Piglia ofreció una larga serie de conferencias televisadas para afirmar, ante él mismo y el pueblo joven de su patria la Argentina, que sí se puede ser Borges o que por lo menos es posible serlo por arrebatados momentos inspirados y publicables. En consecuencia, en México debe ser posible también.

 

En la cafetería más próxima descansan los muchachos. Después de clase. Un buen lugar para ir a pasear la nada del día y después hacer la labor académica, fuese la clase que fuese: Los muchachos conviven bien y ya. Pero algunos humanistas se les puede ver en las cantinas cercanas hasta después de la media noche. Lo importante es merecer la clase: no hay ni un tonto, por más ebrio que esté. Saben ellos entre terribles secretos que es posible vivir México, que las faldas del país están levantadas para arropar a toda una legión de rapaces y furiosos, genios o desordenados, quizá un confuso, que desean aportar nación a éste perfecto fragmento de tiempo cantado con demasiada antelación.

 

Observo que lo que es el Valle de México, es un cuerno de la abundancia agotado por tanta música sacra que ha despedido la angustia de los más mansos furiosos que aquí habitan.

 

Observo que para bien o para mal, la ciudad se deja recorrer, en santa paz por el personal que la compone y que la descompone, todo lo dicho a la ciudad, es materia incosificable pero es menester, por su copiosa voluminosidad, considerarlo literatura barata.

 

Observo en la parada del autobús o micro viaje urbano, la buena educación de la gente y la buena disposición al trato amable. Una especie de comienzo perpetuo.

 

A mi estimada novia, entretanto, puedo considerarla musa de mi pasión escritural. La escritura me reinventa para que yo siga permaneciendo y perseverando en ésta forma de habitar la ciudad mal llamada de los palacios, pero, yo he ganado ser el apodo “el escritor de palacio”. Es interesante ver cómo sucede la vida doméstica en la ciudad: aquél renta un departamento, el otro maneja un auto, el de más allá compra pescado, la vida en sus múltiples repeticiones. Todo llega: los hijos, el deseo se consuma, la comida nos hace sonreír, la técnica del obrero, (yo lo he sido: tallador de madera), todo llega a buen puerto, por todos los fines.

 

La lluvia vuelve a la gente a prepararse para enfrentar los inconvenientes: la lluvia nos hace maldecir y bendecir, pero es que no podría ser de otra manera, la bondad del Ser se simboliza en la lluvia, así sucede la unidad de nuestro temperamento cohesionado tanto para lo físico como para lo metafísico. La lluvia es todo aquello que ya se ha dicho pero también es chiste de mil caídas: ¿cuántos poemarios de poetas que le han cantado a la lluvia permanecen en bodega de editores conspicuos que los negaron? Recurro a la diáfana estela del relámpago: sólo veo relámpago cuando pienso en la ciudad, pero un “buenas tardes” me devuelve a la claridad del tiempo, a éstos tiempos que corren en el siglo XXI.

 

Observo que compro más libros de los que puedo leer. El hombre y lo divino quiero leerlo más veces, hasta dominarlo a la perfección. La razón es ésta: María Zambrano lo retrabajó y lo publicó en el 73 y ése es mi año de nacimiento, por eso, pues, quiero dominarlo, vencerlo, asumirlo, vengarlo, hijos de Villa.

 

Observo que hay que admitir que entre mis andanzas yo sí tuve momentos y días de locura, pero que eso, nunca me definió: lo que existen son enfermos no enfermedades. Mucha gente que se pensaba sana ahora está muerta y murió enferma, lo que se debe hacer es combatir diariamente la problemática después de tenerla identificada.

 

Recuerdo mi oficio de escultor, tallerista de escultura en madera desde la provincia hidrocálida. Después de la indicación, pasábamos al pedazo del cual saldría la escultura. Hice dos obras abstractas y una tercera, que fue la que más me gustó, y la envié a una amiga de la familia paterna, que me resulta un grato recuerdo. De las otras dos abstractas que saqué, se las regalé a mi madre como un símbolo de su esperanza de vida, creo que fue lo mejor que pude hacer.

 

Otro momento memorable en la provincia hidrocálida que habité, fue con un colega filósofo, el maestro Caleb Olvera. Lo que procedía era que yo leía toda la noche anterior y a la mañana siguiente, cerca de las siete y media de la mañana, me pasaba a buscar en su coche a mi casa y tomábamos carretera, que ciertamente no estaba muy lejana y, rumbo a Zacatecas nos íbamos en su auto discutiendo de todo lo relativo a la filosofía, y 55 minutos después, en su salón de clases de filosofía en Zacatecas, comenzaba la clase que Caleb traía preparada. Curiosamente, la clase trataba casi siempre de sexualidad y obras artísticas contemporáneas dedicadas sobre el tema. La verdad divertía mucho esa clase. Y al regresar, el mismo día pero a la hora de comer, nos esperaba en la carretera un rosario de girasoles por el campo y al llegar, a Aguascalientes, un suculento plato de crema de champiñón. Por poner un ejemplo.

 

Observo que en éste nuevo mandato de Trump, éste se ha vuelto más errático: ayer 10 millones de norteamericanos le protestaron en más de nueve ciudades.

 

La lluvia es dragón en brama que arroja espuma en los labios de la luna.

 

Observo que sin educación nadie se queda: ¿quién te educa? Ésa es la mejor pregunta: ¿El vendedor de droga? ¿O un conferencista o el compañero con el que disfrutas la cerveza? En Crimen y castigo, la obra cumbre de Dostoievski, el personaje central es educado por su propia obsesión antes y después del crimen. Un gran escritor italiano contemporáneo, Claudio Magris, germanófilo y autor del estupendo libro Danubio, opina que la vida de Raskólnikov es un apéndice sobre la culpa humana que no nos lo cuenta la Bíblia. La manera magistral en que está expresado es, por su valor un logro diríase milenario, del poeta ruso, que lo era, sin demasiado esfuerzo.

 

El ejército ciego es la última novela de Juan Pablo Villalobos, escritor regiomontano. La novela ganó el premio Alfaguara de novela entre una competencia de mil y tantos manuscritos. Lo cual habla bien de la providencia: en toda la región hispanoparlante hay en este instante que escribo mil cien novelas listas para publicarse, quizá ése sea el ejército ciego. Pero éste ejército ciego me hace pensar en el escritor que encabezó el jurado: Jorge Volpi, él dijo, en una universidad de Texas en una conferencia con la generación y el grupo de crack, que la literatura contemporánea (hace 7 o 9 años de eso) mexicana e hispana en general está domesticada, hecha un “producto ligth”, maldito sea el mercado para un cincuentón que quiere ser cerebral como yo, pero, considero: son otras mil cien novelas… estaría bien saber de algunos de ellos o por lo menos de los más arriesgados. Ya sabremos sobre ese punto después.

 

En la longitud de onda del vino y el vacío, he perdido el vino: mi novia me quiere, pero dice: ¿a qué vas a venir: a fumar? No quiero soltarle ni una palabra más que finalmente tal vez me eche unas copitas con ella, pero de vino estrictamente: no de ron ni vodka.

 

Un gran amigo mío escribió la frase: “Tu única obligación es no morir demasiado fácil”. Es un amigo escritor que conocí en los tiempos en que soñábamos y brindábamos para ser escritores. Su frase me parece excelente, este amigo ha soportado cuatro internamientos en anexos para dejar el alcohol: caída al pie: él dijo que no sería fácil, ahora él es un hueso duro de roer. Además me gustan sus libros. Y ahora es padre, escritor y además de ser buen guitarrista, Arturo Villalobos fue campeón estatal de ajedrez, como digo, todos nosotros sí prometíamos bastante, nadie era blof.

 

Me pregunto, al releer estas líneas, ¿para quién estoy escribiendo? Sé sensato: Escribes para el mismo público que te leyó tu página web la “pedantería remota”. La cuestión es que hay más lectores en este país de los que cabría suponer. ¿Intentas dar lecciones? Puede ser. No fueron inútiles las lecciones que tomé de Carlos Fuentes en su libro En esto creo, libro triunfante eh iluminador y como dice mi novia: “muy grandote ése señor”. La mentira estriba en hacer creer que escrituras como ésa o la mía no sirven de nada, es el acoso de la mentalidad chata chapada a la antigüa, creo que ahora, nosotros ya somos más, la inmensa minoría de la que habló Octavio Paz quiere venganza. ¿Esperaban a Zabludobsky? Respondo con “El canal de Panamá o las aventuras de mis siete tíos” Poema de largo aliento de Blaise Cendrars. Maldito sea, por lo arriesgado y bendito por lo nostálgico, déjame que te traiga la yerba de las estrellas ésta noche, sin muerte ni nostalgia, en que conversan duendes y ruiseñores, mientras arañas patonas carraspean en las esquinas, mientras viejos maldicen cubiertos por arcillas mágicas que un ángel ha extraviado maldiciendo éste crepúsculo: Estimado Cendrars, eso lo escribí cuando estaba loco en 1995, ahora lo traigo de regreso, de ésta manera te invoco, querido coronel francés de mi soledad.

 

 

 

 

 

 

DOS

 

En Aguascalientes gané una beca para escribir Vestigios de Cerro Hermoso en 2009-2010, me compré con el dinero una mini computadora y un I-pod. Cuando en ésas estaba, salí un fin de semana a comer y al volver, luego luego notamos que la casa había sido robada: ésas dos cosas obviamente faltaban, mi madre perdió unas joyas que habían pertenecido a mi abuela, las había comprado en Venecia en los años setenta. Cuando avisamos a la policía empezó la porquería: vino una mujer policía muy bonita, tocó el timbre, se presentó y dijo que venía a tomar huellas digitales. Le creímos. Se quedó todo un rato analizando el vidrio del patio trasero y la chapa de la puerta y en fin; se despidió muy cortésmente asegurando que pronto nos traería noticias. ¿La esperamos? Es cosa que sigo preguntándome a la fecha.

 

En alguna parte de su vasta producción, (digo, hablando de robos), Fernando Savater nos cuenta de una ejemplar novela en la que todos mataron y robaron, y otra novela que era el extremo opuesto, una historia de detectives donde nadie mató, sólo sé que me interesan ésos dos libros, sobre todo esa donde nadie mató.

 

Sobre el tema del robo, la literatura ha sido generosa en todas las culturas. Pienso por ejemplo en Largueza del cuento corto chino, traducido y preparado por mi amigo ahora fallecido José Vicente Anaya, en ésa obra sí agarran al ladrón y éste confiesa por qué robó en medio de una multitud diciendo: “cuando robé no vi otra cosa más que el oro”. Lección anotada.

 

Hay un libro que me recomendó mucho mi colega ahora fallecida Maricruz Patiño que es esa joya llamada La tumba sin sosiego de Ciryl Connolly… Enjuaga tus lágrimas mi querido “escritor de palacio”, Maricruz Patiño fue muy celebrada los últimos años.

 

Observo que la gente inteligente si se lo han dicho mucho, es gente que deja de ser inteligente por descuido, entendido como parte de la necedad de ser genio, al menos es mi caso, es duro sentirse genio toda una vida. ¿Por qué será que la inteligencia y el dinero es lo más sensible de la gente? Pienso que incluso más la inteligencia que el dinero.

 

Creo que en este país el pobre de Ernst Jünger está muy infravalorado. Un amigo de José Vicente Anaya en “la Gandhi vieja” se disculpó pero dijo que no hablaría conmigo porque yo había comprado Juegos africanos, le intenté explicar que era un libro de aventuras, pero fue en vano.

 

Llueve desde hace días y la PC donde escribo esto está en un cuarto cerca de la intemperie. Llueve desde hace días y pienso en mi juventud, digo, ya no tengo treinta y cinco años: ya me canso y hago la siesta larga laarga: salta a la vista la conclusión: cuánto me quiero, sin mi me muero, no me merezco tal distinción.

 

Porque el primer ruido fuiste tú padre, y el último serás. Así como el primer silencio y el último, esto está metamorfoseado de una página de mi primo que también es poeta, pero me he ensuciado algo en mis correrías poéticas y así quedó esta frase. Lamento que el mundo no lo haya tomado tan en cuenta. O, como dicen los filósofos, secta a la cual yo pertenezco, a veces hay que representar eh intervenir. También lamento eso, hooo mundo cabrón.

 

La noche ha zozobrado, pero el barco ahí la lleva, “sólo estoy un poco despeinado” dice mi Tom Sawyer interno. Del barrio de la purísima de Aguascalientes, barrio de mucha tradición hay en primer plano una fonda deliciosa de comida oaxaqueña. Recuerdo la nevería el As, años después, hay otras en varias partes de la ciudad que son agradables, en suma, lo digo porque yo creía burlarme del As en Edad en el Alba una novela vieja que escribí sobre Aguascalientes, pero ¿Aguascalientes? Dije eso como quien nada escribe y nada oye. La realidad es que ahora Aguascalientes es una ciudad mediana pero que ya nadie volverá a decirle seriamente que es un “pinche rancho”. Mejor con sensatez: Hot Waters es una ciudad con mucho potencial en su sociedad de consumo, su cultura, su mundo de relaciones y aunque algunos repelemos lo que nos da la ciudad, nadie ahí se muere del asco. Tendría uno que ser muy pendejo para eso. Es una ciudad donde se puede florecer. Pienso lo anterior ahora que Hot Waters me hace pensar en el Gustavo Sáinz de Quiero escribir pero me sale espuma, por otro lado, hoy me casé, a la distancia desde luego, desde Guanajuato a ésta ciudad y fue algo maravilloso, estoy anonadado, ¡Qué bonita es! Ella me fue a visitar a ésa ciudad y ni una mano le puse encima, así debió de ser ése momento y punto. La foto del encuentro lo dice todo.

 

Tenía ganas de decírtelo, estimado Guillermo Cabrera Infante, tú, el genio del humor y de las pompas de la sexualidad, que carajo, todo La Habana para un infante difunto es un desfiladero de todas las bellezas que tuviste desde que saliste de Plazuela de cata, tu calle infantil: cuando viví mi última parte de mi vida en Aguascalientes te amé más que a ningún otro escritor, recuerdo que hice mías unas palabras tuyas que tú le robaste a Brecht:

 

Enseñar sin discípulos

Escribir sin fama

Es difícil…

 

Lo anterior te lo robé a ti mi querido Cabrera, entenderás el robo, tenía durante unos días al mundo, sí, así, en la palma de mi mano, comprenderás que me fascinó publicar En búsqueda del Rosetón de Plata… por unos días, vivir en esas palabras de Brecht, qué honor, qué Danubio, qué ciudad espejo de ausencias, oscuro cacto construido de miradas, ya quiero leerte otra vez, ¡Amado Guillermo Cabrera Infante!

 

En un lugar lejano de la Tierra, tan lejano que nadie ahí sabía que era eso, hubo una ocasión, un vecino que se le quedó viendo a su otro vecino, lo empezó a observar, empezó a saber a qué se dedicaba, empezó a tenerle gusto eso de ver al vecino y, aunque nunca lo saludaba, empezó a tenerle admiración y después de la admiración, empezó a tenerle coraje, por lo que su vecino hacía y porque él no lo hacía. El vecino escrutador pensaba que él también lo podía hacer y entonces empezó a querer saber cosas de su vecino, desde qué cigarros fumaba hasta cuáles eran sus ancestros. Pero se daba cuenta que esto era muy difícil, tenía que juntar datos sobre su vecino y resultó que al otro vecino lo robaron. Así era el planeta ese. Le robaron toda su información de su computadora copiando su información… El vecino estaba deshecho, muy triste, salió de su casa y fue a un parque que estaba a una cuadra de su casa y vio a una persona en un carro blanco Tsuru que le pareció sospechoso, resulta que tiempo después el vecino escrutador obtuvo la información del vecino observado, no sabemos qué mal gobierno era, pero en ése pinche planeta corría la idea de que se debería pensar el pasar de la idea de la revolución a un nuevo estado de cosas que no fuera la robolución. También había periódicos en ése pinche planeta, ayer, seguro, se enteraron de que por ahí pasó el Voyager.

 

TRES

 

Hubo un debate en éste país cerca de 2003 y hasta 2005 sobre qué es la poesía. ¡Chillaba de odio José Vicente Anaya: Cómo no sufrir de mediocridad! Varios escritores que publicaban en Alforja revista de poesía dijeron cosas, yo pienso que lo mejor que se expuso fue por Saúl Ibargoyen, sabiendo sin saber todos los que expresamos ideas participamos. Lo mejor que puedo decir sobre esto es que ese debate NO se ha cerrado. El tema no está agotado. Además ya quedó muy establecido que escribir poesía en este país no es ser poca cosa. A éste respecto me invitó mi amigo Sigifredo Esquivel y a Caleb Olvera a que platicáramos de ello con sus alumnos de la Universidad Autónoma de Zacatecas. Lo que es de destacar, en mi opinión, “Váyanse a la ciudad de México” les dije, “contágiense su locura y su coraje juvenil y estudien algo, una carrera de humanidades allá, vean todo lo que la ciudad les ofrece y regrésense a su tierra, verán que es lo mejor”. Pienso que eso los puso a pensar un poco.

 

“Las polémicas se disipan, quedan las obras”, dijo Paz en Estocolmo, creo que es cuestión de revivir opiniones en el panorama actual y chance ahí veríamos algo.

 

¿Cómo te haces filósofo? Lee y estudia a los grandes arcanos de la filosofía como si te estuvieran quemando en aceite y luego verás tus primeros eventos mentales, después ya no los llames eventos mentales, llámalos escalones, cuando ya estés claro sobre eso, al último escalón dirás: “soy un hiper jefe de la filosofía”. Lección anotada.

 

La poesía es todo lo que es y es todo lo que no es, es ese algo que será, es una arma cargada de futuro, es un aspecto sonoro, es un aspecto visual, es irreductible y es bendita, ¡Qué bien que la poesía está siendo! ¡Decirlo con Hegel: espíritu absoluto!

 

Y cómo no mencionar las aportaciones de Eduardo Casar o Enzia Verduchi, Fabienne Bradú y, la polémica en Letras libres sobre quiénes son los mejores poetas vivos después del periodo de Octavio Paz, muchos de ellos murieron ya. Cómo olvidar ése ejemplar de diciembre de 2004 de la inútil poesía: costaba $50.00 pesos. Eduardo Lizalde, el mejor para mi gusto, le tocó el definitivo tercer lugar, después de José Emilio Pacheco y Rubén Bonifaz Nuño.

 

Octavio Paz, el enciclopédico burro diabólico, Carlos Fuentes el transparente cerebro galán de la Bandida: son Historias del olvido, según Carlos Tello Díaz. La potente gracia de Elena Poniatowska, y páginas y más páginas cayendo en nuestros corazones insensibles, aún más: incapaces de revertir cualquier tendencia, por eso, invoco a la condición de condiciones, los humanos.

 

Desde que leí seriamente a José Saramago, es decir, muchos de sus libros, albergo el deseo de conocer Lisboa sólo para ir a tomar café donde iba Fernando Pessoa. También ya murió Antonio Lobo Antunes, qué calamidad. Bueno, es que ya conocí Madrid, ciudad a la que sí volvería, me gustó mucho ese espacio, La Plaza Mayor. También conocí Barcelona, pero a esa no pienso volver. Londres y París: de ellas pido el milagro de volver. Como decía José María Pérez Gay dar un paso en ésa ciudad, París, es como dar seis o siete pasos de cualquier otra ciudad del mundo. Aguascalientes en la medianoche… ¿querías nostalgia de eso? No, y nunca mencionaré al aire de mis tiempos ése San Judas Tadeo llorón que era su cruz de amor de la vinatería de la esquina. Yo tomé café en Les Champs Elissés y deseo volver para agradecer a la vida mi experiencia. Es verdad, dirían mis hermanas. A una le salvé la vida cuando era niño, en el turbio mar de Puerto Vallarta. Fue fácil para mí hacerlo, pero fue cierto, si no hubiera estado ahí, mi hermana sería un bonito recuerdo. Punto y aparte. Fui héroe por ese momento.

 

No seamos infames con la poesía, de esa vieja lista de poetas hay mucho por escribir. Calíope debería abrir sus piernas un poco más. La poesía… mucho me temo que ya pasaron los poemas de amor y (eso lo supe follando, acuérdense de la pedantería remota, ése posteo que fue Poema de Amor) es este a continuación:

 

POEMA DE AMOR.

POR MARCOS GARCÍA CABALLERO

 

Sobre la mesa de centro de mi departamento

Hay dos vasos con vino rojo, una botella de Cabernet

un disco de John Lee Hooker y otro de Fleetwood Mac.

También obras de Russell, entre ellas, Por qué no soy cristiano,

Un libro de Guillermo Cabrera Infante, una tasa,

unos cigarros delicados y un cenicero.

Es sábado por la tarde, una tarde cualquiera del año 2016

En el sofocante verano de Aguascalientes.

Espero a mi novia, esperando que ella también,

se deshaga de una vez de

los abogados de su exmarido, que no quieren soltarle ni un centavo.

Por fin suena mi teléfono, viene en coche para acá;

al llegar se alegra del vino y se queja del sistema de

justicia en cuanto a divorcios se refiere: “¡Puedes entender

al hijo de la chingada!

¡No Quiere pagar pensión alimenticia de nuestras hijas!

¡Puta Madre! ¡Marcos, si no te tuviera a ti no sabría qué hacer!”

Y me besa.

Le cuento que por fin editorial Planeta accedió a revisar mi novela.

¿Por qué no me haces un poema de amor? Me pregunta.

Lo siento Renatita chula, —le digo— los poemas de amor se han ido

para siempre.

“¿Pero me quieres verdad?” Me río y le digo que sigamos bebiendo.

Tengo hasta para otra botella y John Lee Hooker canta mejor desde

Ultratumba que cuando vivía.

Nos estamos besando como desesperados,

ella me desabrocha la bragueta y yo me paro y me bajo los pantos,

quedándome en calzones, ella mete su mano y saca mi pene erecto

que la saluda como en un día de Haloween en Francia,

pero celebrado en Hot Waters City o Aguas-ardientes.

Seguimos bebiendo, ella empieza a masturbarme y me fascina

tanto que prolongo el éxtasis lo más posible.

Afuera el viento comienza a anunciar la noche y los

del sistema de justicia y los de editorial Planeta se nos

quedan viendo mientras

seguimos bebiendo, seguro, pero no entienden nada.

 

, esos versos, esa poesía, de la cual mi líder era Ezra Pound, André Bretón, Jaime Jaramillo Escobar ¡Hola inmortal de Colombia! O como diría Eduardo Lizalde, el poeta que, casi hasta el final fue premio Carlos Fuentes, en la nota periodística flanqueado por Enrique Peña Nieto y Enrique Gragüe, nos dijo en Tercera Tenochtitlán, (lo tengo autografiado), son aquéllos poemas que en caminata se nos caen al piso como estrellas divinas, esos nunca los deberíamos escribir, maldita sea, Tigre cabrón, eras y yo te hice el José Alfredo Jiménez de los poetas mexicanos, ése Samurai alguien si no fuera yo, lo debería decir: ese poema, en mi último departamento de Hot Waters, otra vez en las tinieblas verdes en las tardes húmedas del verano; mi broder Joaquín Castro que no tiene ningún tatuaje pero la piel gruesa y curtida, entró, colocándose cual espectro real, como leído irlandés versado en Tabernarios y eróticos; él, hecho un Satanás lleno de proteicos neutrinos morados, el irlandés lleno de Diablo que tanto quise y apoyé, que extraño todavía y que es una leyenda en mi ya de por sí legendaria vida; palabra en cabalgata de transparencias, voz de lluvia, agua que cae de los acantilados reflejando los rostros del amor… mientras corría el audio de Lizalde, Joaquín caminó como el demonio sobre los siguientes versos inmortales: “Sin que el tigre me advierta, logro entrar en la casa, la fiera duerme, eludo el charco de su baba negra, en mi sigilo, soy invisible casi, me he descalzado las plantas de los pies frente al umbral, la boa en aros de compacto silencio, la nauyaca de vidrio lubricado, son junto a mí, el estruendo. Pero el tigre adivina…” Y Joaquín descubrió mi presencia y dijo: “Wey… ¿y ahora qué? Él desapareció, echándome a perder el escalón de mis eventos mentales según creí. Él estaba en Barcelona, por supuesto, y Byung Chul-Han me trabajaba en sus textos (¡Dime si no! Esto que hablo es alrededor del 2015). Todo eso fue una broma artística con la que quise tomarle el pelo a mis vecinos y de paso pensar en la inmortalidad, cosa que por cierto así pareció, llegaron momentos por la pedantería remota, que yo salía al pasto del fraccionamiento y los veía tomando alcohol, una de la mañana, volteaba a mi departamento, oía mi propia música y volaban imágenes, que para eso sirva la fama y nos dé suerte con ellas.

 

O tal vez por eso María Zambrano…

O tal vez por eso Fernando Savater continuó…

O tal vez algunas páginas memorables de Michel Houellebecq sí querían decir...

“¡Poetas, despierten a los aletargados!” Nos recuerda Hölderlin.

 

De Joaquín Castro, de mi amistad entrañable con ése apache trotamundos ahora vuelto Cheff de los mejores restaurantes de Suecia, para más señas la ciudad de Svalvard, para que no se moleste, (él ha sido una constante en mi escritura toda menos la ensayística: me gusta de personaje el muy cabrón) puedo contar una buena anécdota que a él le gustaba: además de que él contó otra ocasión del desenlace de un día de tormenta en un buque donde trabajó de cocinero en aguas del Mediterráneo, así de aguerrido, así de comanche, el cabrón tiene un gran sentido del humor. Ésta vez, se regresaba a las Europas, mi amiga Susana estaba muy feliz de haberlo conocido, nos estaba escuchando en un café de la calle Madero, zona centro de Aguascalientes, una noche de neblina veraniega, y Joaquín hablaba y decía que aunque hubiera un contratiempo en los vuelos, él como buen irlandés, se apersonaría en Granada al día siguiente como si nada y que hasta releería La vuelta al día en ochenta mundos de Julio Cortázar en todo el trip,  ya no quise escuchar ni quise beber, pues en ésos momentos estaba feliz con mis rollos de filosofía por la Universidad Autónoma de Chihuahua. Joaquín siguió disertando con ella y ella, al día siguiente me contó que se habían quedado muy borrachos, pero, que supo que Joaquín ya no estaba en México y que tomó un charter desde Inglaterra a Granada y que en Granada, una punketa rummy a la cual Joaquín le había encargado el departamento, estaba agarrando poesías de Infinitos dispersos y que estaban escritos en cartones sobre la pared, entonces Joaquín llegó a su casa y se sorprendió al ver mi poesía en Granada en su casa y dijo: “¿Marcos?” ¡Get rich fuking stupid! Algo así fue lo que pasó, seguramente es algo que Joaquín no dejará muy claro pero Susy, la linda reportera, que después llegó a dirigir radio universidad en Aguascalientes y me invitó al radio, (yo, que ahora sí puedo decir yo que adoro el radio y más cuando me invitan por mis trastocados textos literarios), me aceptó una cerveza en su casa al día siguiente, todo eso de los eméritos de la UNAM: le conté que eran noticia de hoy en La Jornada y que entre los doctores Honoris Causa estaba Olbeth Hansberg, una lejana pariente mía, excelente, brillante en la filosofía de la mente, patrona agradable de la filosofía analítica, Susy bebía y me sonreía mucho, le dije ya me voy, son chupitos y de pómulos bien plantados pues, pero muy memorables.

¡Poetas!

Observo que Bernardo Ruiz sí le hizo prólogos a Saúl Ibargoyen, pero eso, no es hablar mal de Saúl; existe un certamen de poesía relámpago Bernardo Ruiz y me da gusto que así honren al maestro genial que él es y ahora jubilado, se recuerda. Escúchenlo: Cuento “Lotería” en descargacultura.unam.mx Es una cima de magister Bernardo.

¡Poetas!

Fui en 2011 a Zacatecas, también en diciembre, como le gustaba organizar a nuestro querido José de Jesús Sampedro, mago y artífice genial de Dos Filos, poeta de larga trayectoria, durante los primeros días de ése mes. Unos verdaderos maratones poéticos con poetas de toda la zona centro del país y ésta vez organizados en honor de la gran poeta Coral Bracho, una excelente persona, poeta de mucha luz, lúdica y poseedora de un estructurado y fuerte pensamiento poético. Como digo, los primeros días de diciembre con la estrategia de evitar fuga de cerebros a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, estuvo genial: conocí a Manuel Becerra, joven ganador del premio de Poesía Nacional Ramón López Velarde del año anterior, 2010, y en la premiación, Sampedro se lució destacando por una vez más, las glorias de Ramón López Velarde. Y por supuesto varios ponentes entre ellos Gonzalo Lizardo y sus pupilas, (no sus pupilos) hablaron de Coral Bracho; si hasta las cámaras de televisión de Zacatecas estaban ahí, pus claro si Coral Bracho recibió ahí el Premio Internacional de Poesía Ramón López Velarde. De lo que pude escuchar, mientras los poetas no premiados nos reíamos de la noche anterior y que entre el público llenamos el patio de la entonces rectoría de la UAZ, me gustó mucho su poema titulado: “Si ríe el emperador”, Felipe Caldedrunk ni por sus copas se apareció por supuesto. ¡Haa! Me gustó compartir con los poetas de Dos Filos esa experiencia. Las noches en cantinas con las poetas y por supuesto José Falconi y Refugio Pereida, excelentes poetas premiados los dos, su conversación en siete partes dividida como ensayos de Kundera, etcétera. Ahí “fauno entre frondas” me sentí.

 

 

CUATRO

 

Calíope… Sobre la poesía volveré más adelante.

Les relataré una fritura, una fruta, de mi pasado en Aguascalientes. [Apenas a fines de 2025 regresé definitivamente a la Ciudad de México. La Capirucha, según mis relatos del Rosetón de plata, creo que ya nadie le dice así.] Hacia la salida norte de ésa ciudad del centro del País, existe el municipio de San José de Gracia, donde hay un estupendo Restaurante que no se llama El Mirador, pero que así podría llamarse, porque ahí se colindan grandes paisajes con la Presa Calles, las aguas de la otra presa donde está el atractivo turístico de “el Cristo Roto”. Un Cristo que lleva ya muchos años sufriendo la peor de las suertes, está destruido del brazo, de una pierna, y en la lógica religiosa, se entiende que debe ser así, para que bajen, por lo menos, los índices del suicidio en Aguascalientes, que peor le va al roto que a los jóvenes, fue feo, pero había que saber que Aguascalientes tiene altos índices de suicidio entre los jóvenes, eso es muy feo… para coadyuvar en contra, como todo buen escritor, (Elías Canetti decía: “nunca será tarea de un escritor dejar a la humanidad en los brazos de la muerte) diré que los jóvenes no deberían coquetear con la muerte de ninguna forma, ni menos usando drogas. ¡Dejen esa chingadera, caray! (Una gran aportación de éste gobierno: casi cada semana se notifica que Seguridad Pública Ciudadana destruye laboratorios de Fentanilo, Bien por el gobierno de la 4T!)

 

Pero cómo olvidar en ésta eterna Saudade, que sólo lleva algunas páginas de este escrito, del 2004 en Bellas Artes. Cuando mi amiga Natalia Toledo, la hermosa poeta hija del gran pintor oaxaqueño Francisco Toledo, cuando recibió de manos del poder representado por Sari Bermúdez, el premio Netzahualcóyotl de poesía en Lenguas Indígenas. $50.000 Mil pesos de ese entonces, como $250.000 Mil de ahora. Muy buenos ¿No les parece? A mí me contó un amigo, no recuerdo quien porque ya tiene tiempo, que el día anterior había habido una fiesta en casa de ella y que ahí le robó unos besos, no sé, no lo recuerdo ya, pero bien que recuerdo, que Natalia subió al centro izquierdo del escenario de la Sala Manuel M Ponce de Bellas Artes, y que Sari le decía “ven, ten” y Natalia respondió desde el otro lado del pódium: “¡No, tú ven y dámelo!” Y ahí Sari Bermúdez ya no pudo hacer nada y caminó y se lo dio, el Reconocimiento y el cheque, lo cual me fascina como anécdota-símbolo: Natalia doblando al poder, de recuerdo así, luminoso, postal de la Historia, y ahora ella, escribiendo y cocinando en su casa, supongo. No sé nada de ella en estos tiempos y eso es un poco lastimoso, pienso en Hungría y los húngaros.

 

Pero en verdad, lo que me faltaba de comentarles, es que mi amigo José Vicente Anaya y Roberto Bolaño, según cuenta Vicente, él estaba en una cafetería escribiendo en una máquina de escribir y que Roberto Bolaño llegó y cuando le habló le dijo: “¿Puedo sentarme? Soy Roberto Bolaño, soy un genio.” Vicente respondió: “Yo también soy un genio, soy José Vicente Anaya, siéntate”. Anaya ya no me comentó en qué terminó éste primer encuentro, pero pienso que cualquier estudio sobre alguno de los dos, debe de hacer mención de que sí eran amigos, o lo fueron pues. Recuerdo ahora el momento que en la “Gandhi vieja”, pude reunir una ocasión a los dos diablos, el trotamundos irlandés del Joaquín Castro, y por el otro lado, a José Vicente Anaya; el escritor endiablado pero ya entrado en sus últimos años. No se cayeron bien. Lo lamento, es la pura verdad. Pero dejé ese encuentro a la posteridad, ja, ¿Personas notables? Pues claro que sí.

 

CINCO

 

En Aguascalientes, una ocasión el año 2022, cuando mi novia me invitó a dar clases de literatura en la TUA, (Tecnológico Universitario Aguascalentense) pensé la oportunidad principal para los jóvenes de ahí: Pensé en darles sus orígenes en el mundo de la escritura. Los vi muy jóvenes, quizá demasiado jóvenes todavía, pero está bien.

¿Por dónde empezar? Por desentrañar, para ellos y su conciencia de jóvenes aprendices del oficio de escritor, sus orígenes en Aguascalientes: ahí está el detalle o el argumento que les quise dar a ellos. Porque yo quise darles a ellos pistas sobre el origen de la búsqueda de ser escritores en el centro del país, planteándolo así, pues: Hay que conocer el lugar de Aguascalientes como territorio escritural, quiénes y cómo se han puesto a escribir aquí en esta tierra antes que nosotros. Bien pues cuando ya identificamos que como escritores tenemos qué tener en el origen un espacio y un tiempo y una autoridad que nos haya dado la luz verde, (puede ser dicho de muchos modos pero así me parece bien), entonces vayámonos más atrás en el tiempo, pues, ¿qué te parece 1980? En ese año sus padres apenas se conocían y no planeaban todavía traerlos a ustedes al mundo, lo novedoso de la escritura en la zona centro del país, en ése momento, era el libro de José de Jesús Sampedro, “Si el entra yo entro”. Libro de Poesía que resultó ganador del Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 1980, de ése año, a la par habrá qué saber que de Sonora llegó a Aguascalientes por ésa época Ricardo Esquer, que durante los años noventa dirigió la entrañable revista talleres, que hizo época, asimismo ahí estaba David Ojeda, Alberto Huerta, y qué decir de Eduardo López, el querido maestro actual, jóvenes todos ellos en 1980, que también dirigió desde entonces, por los ochentas, la revista universitaria Tierra Baldía, que duró mucho, hasta entrados los años dos mil veintes fue cuando desapareció la revista, pero que, no fue manotazo de ningún político, fue porque seriamente se planteó que faltaban lectores, y quizá tenían razón Eduardo López y su gente en cerrar la revista. Arturo Villalobos publicaba mucho ahí, a él le fue bien.

Entonces, ¿enterados se sienten ya de unos vestigios de escritura en Aguascalientes?

También habría que tomar en cuenta entonces a José de Jesús Sampedro en esta zona del país, él de origen zacatecano, a Ricardo Esquer, de origen sonorense. A Francisco Bernal Tiscareño, fallecido en Aguascalientes en los dos mil diez y más. Autor de un poderoso libro de interés general, una joyita de libro realmente: Polvo de espejos, libro que gustó mucho en su momento.

Pues por ahí tenemos ya un comienzo, les dije a los muchachos, los vi muy jóvenes, todavía con cómics manga, lo cuál no está mal, es, simplemente los comienzos de ellos, si quieren, pues.

 

¿Quién dice que hablar de los amigos es molestarlos? Lo que mencioné de Joaquín y Susy me transforma el llanto en alegría. Hay otros amigos que quizás no tanto, pero lo que sí puedo afirmar es que nunca olvidaré a Miguel, “el chino” un amigo que me hizo un tatuaje a mis 18 años. Veníamos de vuelta de la preparatoria donde, en Aguascalientes, como decíamos, “hacíamos la vaca” para pagar un taxi de vuelta a nuestro fraccionamiento que en ese entonces quedaba a las afueras de Aguascalientes. Un barrio un poco feo llamado “ojo caliente” pero en fin. Ése amigo había dejado de estudiar desde antes, era mayor que yo, él tenía 22 años. Y siempre hablando de mujeres, tragos o robos o golpizas. Eran ésos, los años sabandijas como nos cuenta Javier Velasco ahora en su nuevo libro, que es muy estimulante. Llegamos aquella tarde, caminábamos un rato hacia afuera de mi casa, yo y otros amigos, entonces ese Miguel, que le decían “el pachulis” en 1991, armó la máquina de los tatuajes con un motor, una cuerda de guitarra, una pluma Bic y un tenedor doblado. Digo, en la actualidad eso de los tatuajes es común y corriente entre la gente, pero, en ese entonces, casi nadie se tatuaba, yo le pedí que me tatuara en la pierna izquierda la “S” del grupo de heavy metal británico Saxon. Un dibujo muy estilizado pues. Y en la otra pierna igual a la altura de la pantorrilla con calcetines las letras del otro grupo de Black metal “Possessed” “¿Poseído?” Me preguntaba la gente, ¿y de qué te sientes poseído? Di tantas respuestas como preguntones me cayeron encima, nunca pasó nada con ésos tatuajes, sólo a veces que los recuerdo suenan en mi mente los acordes de la poderosa banda Saxon. A possessed los escuché poco. “¡Estáte quieto chingá!” Decía “el pachulis” porque con el juego de ése momento y el cigarro amenazaban con quemarme; fue un gran amigo mío con el que también fuimos a Puerto Vallarta yo entre varios y con él y ahí en Puerto Vallarta a los 18 años, me puse la primera borrachera de mi vida, qué caray, la adolescencia sólo me permito evocarla cuando sé que la tengo bien muerta en la muy viva conciencia.

Supe de “el pachulis” ya hasta mucho después que lo habían matado en un pleito en un barrio terrible de la CDMX. Me ofuscó la noticia, pero, ya no se podía hacer nada, él salió a defender a su hermano y lo esperaban con una pistola, chingadas sean las cosas, así le fue. Por eso a la vuelta de los años esos tatuajes que me hizo se han vuelto significativos, más porque son antes de la fiebre por el tatuaje.

 

 

 

 

 

SEIS

 

Sobre Calíope…

Sobre Calíope sabemos que está grave, no la hemos cuidado. La mejor de las musas de la poesía debe vivir sabrosamente entre nuestros corazones insensibles por la sola razón de que el debate sobre qué es o qué será la poesía no está cerrado; eso nos dice que es un arte que no se deja definir, y, si mantiene la ambigüedad, mantiene también la inteligencia sobre qué maldita cosa es el verso. México es un país pletórico de cultura y nuestra poesía ha venido abrevando, de una multiplicidad cultural sin precedentes. ¡A la chingada con la IA! Nunca, la inteligencia artificial va a poder arruyar nuestros corazones insensibles, de manera tal y tan proteica como un poema de Nicanor Parra, o de Octavio Paz, o de Jaime Sabines. La inteligencia que necesita el acercamiento a lo poético no es otra más que la descarga de fuerza que nos da la vida cuando nos desvivimos por vivirla. Cantos y más cantos, nuestras poesías nos desafían y nos preguntan: “¿Cuántos poemas quedaron en tu corazón?”

Observo que en una parte del libro El hombre y lo divino, Zambrano nos recuerda que para Aristóteles el alma tenía forma de mano.

Nadie nunca declaró que ése debate se cerrara, aunque tal vez lo pensaran como Adolfo Castañón, pienso en él por lo que él metió a descargacultura.unam.mx Ahí él dice, “¿Qué es un poema?” “Un poema es un estado de ánimo descifrado verbalmente”. “¿Qué es un poema de largo aliento?” “Un estado de ánimo llevado por una palabra sostenida.” Sus definiciones son rápidas pero muy certeras, aunque no totales.

Entonces vuelvo a pensar lo que significa para mí, a mis años, vivir en el lago de piedra. Es hora de caminar un poco.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA PARTE DE LA PEDANTERÍA REMOTA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Lago de Piedra.

 

Aprenda el lector y no sólo el autor a no perder el valor,

Mientras a lo lejos, en el lejano oriente, existe una pútrida guerra

Que nadie quiere: manifestación tras manifestación, la humanidad

No quiere perder por el gen de los que generalmente son imbéciles.

 

El lago de piedra: ha sido denostado, ha sido difamado, la gran ciudad

De México apesta al tercer mundo, lo que sucede es que ya la hemos

Conocido demasiado, sabemos demasiado de sus miserias,

Sus caídas, sus calles amadas, sus jóvenes que diario la recorren,

Sus señoras y sus señores: oficio de oficios la mexicana humanidad,

El humanismo mexicano: gentes que nunca amanecieron pero trabajan.

Cosas por el estilo, cómo decir: ¿Te odiamos todavía, ciudad?

 

No la maldigamos todavía más a la crecida entre el barro y lo artístico Novohispano,

Desvivámonos por habitarte, entrañable y ya no tan despreciable

Ciudad

Un eterno más o menos para vos, ciudad de los palacios.

 

 

 

 

 

 

Así sucede cuando comienza, me refiero al amor en la ciudad.

Uno simplemente vive en el cuento de ser el cabrón número uno.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por suerte recibo la llamada por teléfono de un amigo de Aguascalientes, está en la ciudad porque viene a ver a su novia y de pasada, quiere verme. No pus estupendo: concreto la cita con él este miércoles 29 de abril de 2026 y me voy en metro, quedé de verlo en el metro Balderas, tengo suerte de verlo ahí, viene contento y nos saludamos con mucho gusto, ¿Qué tal va la música? Le pregunto. Está feliz de haber comido comida francesa con su mujer. ¡Por supuesto, te felicito cabrón! Le digo, luego tenemos mala suerte con los cafés y los bares, casi todos los cercanos a Televisa Chapultepec están cerrados. Al fin encontramos uno, un bar en el que hay que pagar primero. Mi amigo me viene contando de Aguascalientes mientras yo veo un correr de mujeres bellísimas por la calle… ¿Será realmente que todas, es decir…? En lo que mi maltrecha especulación cobra forma, mi amigo ya me enteró de sus asuntos de Aguascalientes. Salimos del bar un poco después, sólo era una chela, no se vayan a creer. Se me ocurrió grabar su conversación en el celular y se lo mandé a mi novia allá por Guanajuato, anda en ese pueblo llamado Acámbaro. Se alegró al día siguiente, según me dijo, por el video.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Lago de Piedra

 

Palabra que se incrusta a la piedra y la metamorfosea en diamante, duro, rutilante, inquebrantable. Par de ombligos que bailan al ritmo de una guitarra enfurecida.

 

La ciudad ya no se nos impone como tema, claro, hay muchos paraísos artificiales.

Que, por cierto, tampoco se imponen como tema, aquí en la ciudad, no.

 

Sólo porque muero puedo amarte.

 

Gonzalo Celorio ganó el premio Cervantes. Patty Smith ganó el premio Princesa de Asturias.

 

Lector: no te tengo porqué informar que el mundo está hecho un desastre, lo que es preferible es que disfrutes esta narración totémica sin ejercer violencia contra el texto.

Me desagradan esas novelas que desean ser salvajes a toda costa y que su registro pasa inadvertido, sólo son best-sellers por un tiempo y después todos lo olvidan.

 

 

 

 

 

Me interesó la pregunta: ¿Quién es el más valeroso héroe de todos los tiempos de la literatura? La respuesta es contundente: Es Macbeth, el héroe creado por Shakespeare. Alguna vez me lo mencionó Savater, pero también yo vi por mi cuenta la cinta Trono de sangre de Kurosawa, que está basada obviamente en el texto de William Shakespeare. Es de admirarse y de fascinarse, por supuesto: la suerte está echada para Macbeth, las brujas ya han dicho que Macbeth será rey, lo único que “debe de temer Macbeth es que el bosque vaya hacia él”. Macbeth se ríe: “eso es imposible". Y al final de la cinta, --o de la obra de teatro, como se quiera—en efecto el bosque va hacia él, son guerreros que van tras de su fortaleza de Macbeth y Macbeth, en sus últimos momentos, aunque sabe que va a morir porque el bosque va hacia él y que ha perdido, Macbeth sigue agitando a su gente para que salgan y derroten al bosque. Macbeth ya trae dos o tres flechazos en el cuerpo y sigue agitando a sus guerreros para que luchen, “luchen, cobardes”. Es algo egregio, es algo excelso, algo sublime y magistral. La película de Kurosawa también es memorable, absolutamente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BLOGGER OUTSIDE

 

Cuando tuve la beca para escribir Vestigios de Cerro Hermoso, el contrato por el pago terminó en 2010. La terminé en 2015, porque, desgraciadamente me parezco a Válery y soy perfeccionista de mis obras. Me estaban canibalizando mientras la escribía, entre otros, porque fueron dos, el Juan de las pitayas. Pero yo sabía que era imposible llegar más lejos: vamos, una novela que habla con ideas ensayísticas, juegos de palabras, la idea misma de Revolución como algo muy serio, un romance, crimen, y casi algo más en tan pocas páginas. En Jus jugaron conmigo a que era su novela favorita y que me la publicarían, les creí más que nada porque yo estaba en la provincia y la editorial es de la CDMX. Cuando lo entendí, sentí una rara sensación de peligro, pero vive, está refundida en antares101.blogspot.com pero nunca saldrá de ahí y además tengo la Ley Federal del Derecho de Autor y sé que eso me ampara, disfrútenla, si pueden, ésa novela le pareció imposible de ser escrita a Baltazar Garzón y a otros intelectuales europeos, y ahí se quedará, yo no la lloro.

 

Quiero hacer Señor, y espero que no me gane la arrogancia, un tipo de literatura que puedo llamar contenidista, que ¡explote el contenido! La idea pues, sería, cantarle a la teoría que existe sobre el ser humano. Me desesperan los textos que privilegian cierto florerismo ya de entrada o los que son todo lo contrario: el tema del crimen organizado, los intersticios del poder político, el sexo desaforado, son novelas que, como decía Milan Kundera están al margen de la historia de la novela. Son chillidos afuera de la casa de la literatura universal. Cierto, tenemos menos ocasiones grandes, pero todavía las hay por montones, la escritura literaria a pesar de sus múltiples defunciones, ha pasado a ser materia universitaria por ejemplo en las carreras de letras: Muerte de la novela 1, Muerte de la Poesía nivel 3 y etc. ¿Para qué? Para que dejemos claro quién es el que debe morir y quien no. Eso es una osadía, pero como opinión me parece respetable, ya hace mucho tiempo Savater nos habló de opinión, filosofía y sociedad, esto es, así vivirá lo que deba vivir. Pero se seguirá comprando mucha basura.

 

Contenidista… claro, pero jamás olvidar las sabias palabras de Carlos Pereda: “Nuestras casas de inteligencia no deben tener, ni fervor sucursalero ni afán de novedades”. No todos los días convivimos con obras maestras, pero muchas de esas obras maestras están cerca de nuestra mesa de novedades como republicaciones o tirajes que esperan pacientemente a los que entienden que con los libros es un asunto de hacer a un lado la arrogancia, y tener la disposición humilde de entender que las lecturas de cientos de miles de libros son, asunto, entre los que te toquen, de reconocer una maravilla enterrada en el desierto; o lo que parecería serlo.

 

Contenidista… me parece algo parecido a las Seis propuestas para el próximo milenio de Ítalo Calvino, escrito en 1985. Pero cantarle a la teoría no me parece ni arrogante ni miserable.

 

¿Contenidista? Bueno. Cómo no recordar el 20 de mayo de 2011. Fui invitado de Aguascalientes a Zacatecas a dar una plática a la Unidad dos preparatoria incorporada a la UAZ.

Así que salí en camión rumbo a Zacatecas, temprano 11:30 a.m., acompañado por la presencia-ausencia de mi amigo Arturo Valdez Castro (un poeta bukowskiano que después se ganó el Premio de Poesía Editorial Praxis y se fue a Alemania) entonces llego a Zacatecas, mis anfitriones los maestros Javier y Rocío me llevaron antes que al Hotel San Miguel, a tomar una cerveza en la zona centro y una comida-cena. Me sentí feliz, sobre todo por lo que me di cuenta que yo sí les inspiraba, ellos creían en mí, punto y aparte.

Ya en el Hotel (de muy buenas cuatro estrellas) preparándome para el día de mañana, había una tina, así que llamé a una amiga de Aguascalientes y a otra de la CDMX, para que supieran de lo que se estaban perdiendo, ellas se lo pensaron, pero me desearon suerte. Me terminé de bañar en mi habitación y ¡Sorprais! Había olvidado en Aguascalientes una medicina psiquiátrica que tomaba y que no debía dejar. Empecé a pensar que ojalá eso no se convirtiera en un problema y mi viejo vecino Juan de las pitayas andaba deseándome la muerte, (por él era la medicina), entonces me empecé a marear, por un lado, por lo genial que me hubieran invitado y después por lo malnacido del viejo vecino (acuérdense del Arcano Mayor en la pedantería remota).

                              

Entonces el tal Juan de las pitayas me comenzó a atacar y a tirarme mierda desde Aguascalientes hasta allá al Hotel San Miguel y en mi mente empecé a ver mensajes sobrenaturales como a mi antiguo amigo de la Escuela de Escritores: Arcady: él y yo conversábamos mucho de regreso a nuestras casas después de clase. Parecía allí en Zacatecas una pesadilla de Antonin Artaud, pero no era Artaud, era Marcos García Caballero teniendo esos debrayes luminosos, como después al escuchar a Lizalde fue lo de Joaquín. Arcady me empezó a citar poesía de Walt Whitman, increíble él, todo un ser lleno de luz: “Lo lograrás” me dijo y se fue con su luz. Pero la noche siguió siendo bastante horrible, creo que me estaba dando cuenta de lo que años después sería ser sine qua non, en el sexenio de AMLO.

 

Como dice Octavio Paz en La estación violenta: “toda la noche batalló con la noche, sólo a tientas penetrando en su sustancia, llenándose hasta el borde de sí mismo, tierra que se destierra, cuerpo que se desnace, muerto para la vida, vivo para la muerte”. En efecto fue un infierno esa noche, no pude dormir nada y al día siguiente, órale, prepárese para dar una conferencia magistral a los alumnos de la preparatoria dos de Zacatecas, incorporada a la UAZ. Llegaron por mí, me condujeron al aula magna y comencé a dar de mí a los muchachos: eran ésos los tiempos en que había empezado a escribir El Rosetón de Plata… Me sentí rejuvenecido, era obvio que mi presencia ahí era por los jóvenes, enarbolando castillos en el aire con las palabras, pero ellos preguntaron mucho, se sentía que realmente querían estudiar y escribir. Con ellos simplemente no quedé mal. Pero el asunto no paró ahí, porque el gran Carlos Fuentes, él mismo, supo localizarme y que estaba yo ahí, en Zacatecas, yo entendía que Felipe Calderón el tlatoani no me quisiera mucho pero, me pareció un exceso maldito que pitayas me aventara a Fuentes, y él no estaba precisamente admirado por mí, ¡Estaba que me odiaba el cabrón! Era un malentendido. Cuando yo escribía le decía a la distancia, “Maestro, vivo con una baby boomer, es mi madre”. En cambio, por no sé qué razón del pitayas, el maestro entendía: eres una lumbre hooombre cabrón.” Fíjate. Y por eso me odiaba. Doy mi palabra que así era. Al volver al hotel, mi escritor anfitrión Javier Báez Sacarías me dijo: “No bajó dios a verte, pero envió un angelito”. Fue un cheque de $3500.00 y un reconocimiento firmado por el director general de la preparatoria el Prof. Felipe Correa García. Pues bien ¡Qué triste ni qué chingados! ¡Feliz! Regresé feliz a Aguascalientes, y luego de contar mi aventura con los escritores, me sentí feliz de nuevo. Sans Erict.

 

¿Más contenidista? Bueno, hace poco salió en el periódico los futuros actuales de muchas y muchos de los miembros de la generation beat. Me sorprendió saber que aunque muchos ya han muerto, los y las que están vivos siguen escribiendo, ¡Caray! ¡Dime si no es fabuloso!

Susana, mi amiga que dirigió radio universidad hasta que le dieron manotazo, entrevistó a Carlos Velásquez a propósito de su libro La biblia vaquera, fue un nutrido grupo de gente a la presentación en Aguascalientes. Susy y yo bebíamos mucho, con el terror González, mi amigo Gerardo.

 

Pero también pasaron otras cosas.

 

Lo que ocurre es que tuve dos periodos de residir en Aguascalientes, el primero de 1989 a 1993 y el otro de 2006 a 2025.

 

Todo ese tiempo…

 

Ahora que resido en la CDMX me parece casi una fortuna perdida todo ese tiempo. También mi amigo Rafael y yo nos fuimos a ver a Bon Jovi a Guadalajara en 1991, recuerdo que estábamos en la cola para entrar al estadio de la U de G y alguien preguntó: “¿Es la cola para ver a Bon Jovi?” Alguien desde atrás dijo: “¡No wey es la cola para las tortillas!” Bon Jovi dio un buen espectáculo, dos horas de música, luego entonces, la noche… ¿Y qué vamos a hacer, dónde vamos a dormir? Le pregunté y él muy orondo me dice: “nos quedamos en casa de tus familiares de Guadalajara”. No habíamos bebido nada (afortunadamente), y entonces como pude, orienté a un taxista hasta que dimos con la casa, ya ni me pregunten cómo le hice, o cómo llegamos, milagro presuntuoso. Salió mi tía abuela Gaby y nos recibió, o sea que sí podíamos quedarnos, en la sala del vestíbulo y al día siguiente un desayuno, no podíamos pedir más, a la mañana siguiente Rafael y yo éramos el blanco de las bromas de la familia, pero desayunamos muy bien y el tío el Pelón nos dio en su coche un aventón a la central camionera. Tenía entonces 18 años.

 

Permanecí todo ese tiempo en la provincia a riesgo de contagio (de contagiar a otros chilangos a que se fueran de la CDMX) afortunadamente no supe de ningún caso grave.

 

Sigo escribiendo aquí al lado de la intemperie, en un cuarto de azotea, donde se acercan las sirvientas y las señoras suben a husmear a ver qué sucede; no tengo vista panorámica de la CDMX pero no es que la necesite mucho, espero que así no haya más distracciones. Tengo la portada rota de la poesía de Blaise Cendrars y un cuadro de Bolívar Echeverría fungiendo de ejemplos a seguir de esta escritura.

Hace poco asistí a un evento de mi vieja amiga, la doctora en Psicoanálisis Elena Bravo Ceniceros, (que también ella sabe mucho de filosofía), en la Alianza Francesa en su foro en la recepción San Ángel de aquí Ciudad de México; el evento consistió en la presentación de su libro Pioneras del psicoanálisis, (no lo pongo en cursivas porque no recuerdo el título tal cual), pero le fue muy bien, hasta Martha Lamas estaba por ahí, la feminista sin remedio; me uno aunque no lo parezca, a las feministas, porque creo que finalmente tienen razón: en México existe demasiado machismo que nuestro país está en vías de superarlo hasta con la nueva figura presidencial. Todo esto me parece maravilloso. Estamos madurando como sociedad hacia cambios inéditos en el País que deben ser los debates del mañana, a este respecto, los remito a que lean en mi página web la pedantería remota, el ensayo sobre Fernanda Melchor, lo hice como mi pequeña parte de lo que llamo este País de feminismo empoderado, todo ello está muy bien.

 

Observo que, sobre el hecho de tomar alcohol, ya estoy curado de espanto, me parece una imbecilidad emborracharse, pero es cierto: toda noche de buen sexo es también alcohólica, vamos a ver…

 

Mi hermana viene a la CDMX desde Aguascalientes, se va a casar y desea brindar con sus amistades de la ciudad, la boda será en Aguascalientes a principios de junio, no tengo nada qué objetar, que haga lo que ella quiera, iré al brindis en el jardín, pero ya no iré a la boda como tal en Ags, creo que ella me entendería.

 

“Una boda es un evento, un matrimonio es un logro” Diría un psicoanalista.

 

“El matrimonio es un mutuo arrendamiento de los órganos sexuales.” Diría Immanuel Kant.

 

¿Y este texto, qué es?  Una patada voladora al arte del mainstream. En cuyos finales no se esconde una respuesta obvia.

 

La ilusión que generan las amistades perdidas: confesión que amigos no quieren decir. (Algunos).

Hablando de amigos, ahora tengo un buen amigo en Zacatecas gracias a mi amistad con el filósofo Caleb Olvera: se trata del maestro Sigifredo Esquivel, que tiene publicado el libro Palabras para el hombre que vendrá ayer, y el otro, uno mejor: ADN del vacío, son libros recientes y me gustó mucho el del ADN del vacío, son aforismos largos, que en sus mejores momentos recuerdan a Lichtenberg y además, se fueron los dos, Caleb y Sigifredo a dar clases en España hace menos de un año. Como dije, eran muy divertidas esas clases. Quiero pensar que Zacatecas no los he perdido totalmente, quiero pensar que puedo volver.

 

Ayer que fue la cumbre entre los presidentes de Estados Unidos y China, poco antes me quedé gravitando en una pregunta: “¿No será que en los tiempos de Jesucristo el Diablo votaba también por la izquierda?”

Una formulación difícil, si las hay, al terminar el día mascando tacos, pensé en todo menos en recibir ayuda de gente que no acostumbro frecuentar, o “¿sí pediré ayuda?” Me parece que ayuda no.

 

Ahora que las bodas me persiguen, pienso en mis días de franco soltero mis últimas tardes en Aguascalientes, eran días apacibles, donde el único León de la selva que me encontré fue a Luis Felipe Fabre, lo compré en la Gandhi de allá, un escritor que siento cercano, me gustó su libro Poeta griego arcaico, bastante logrado, habrá que decirlo, para cincuentones borrachos.

A pesar de que fue una boda muy cercana, no bebí ni un solo trago, y creo que así debió de ser.

 

¿Qué ha sido de mis amigos? ¿Qué ha sido de mis amigas? La vida nos tiene incomunicados. Ese asunto Palestino es realmente un problema grave a nivel mundial, me preocupa, pero las preocupaciones de un escritor de azotea no pueden hacer nada para impedirlo, éste nivel de desastre mundial al que hemos llegado es realmente pavoroso.

 

Pienso en el coronel de mi soledad otra vez, el francés Blaise Cendrars, que se hizo amigo de Henry Miller, eso es algo que hasta sueño con haber visto sus encuentros.

 

Ahora que pienso en ellos dos, pienso también en una obra maestra de todos los tiempos, Frankenstein de Mary Shelley. Recuerdo, de un libro relativamente reciente: La Noche en que Frankenstein leyó el Quijote, de autoría del español Santiago Posteguillo, como nos cuenta fabulosamente que fue escrito en una noche esa obra maestra de Frankenstein, porque era una noche de tormenta y sobre todo muy macabra, en los Alpes suizos y franceses. Donde permanecía, de paso, Mary Shelley y Lord Byron y alguien más, que no recuerdo quien era en este momento, y se comenzaron a contar historias macabras entre ellos, luego entonces pasaron a la idea: ¿Y si mejor las contamos en papel? Y ese fue el génesis de cómo nos llegó esa obra maestra, lo que me duele, y me fastidia un poco, es que el enorme poder y sentido de lo macabro que proviene sin duda de los libros, lo hemos perdido casi totalmente porque, señores, lo traemos ya decodificado con las historias de cine y otras cuestiones que, desgraciadamente, ya no nos acercan a los libros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Creo que estoy dando lo mejor que puede dar un sine qua non en un país como éste, no he dejado fuera nada, todo ha sido sacrificado en pos del mejor contenido y el mejor texto.

Recuerdo también mi trabajo en la glorieta de camarones del INEGI, porque en ése entonces había unas oficinas del INEGI ahí, todo a sido posteado y cómo no recordar cuando un día, viviendo en la CDMX, me fui al concierto de Los Músicos de José en un centro de teatro en Coyoacán. Buenísimo, pero al final estuve solo, luego a mi novia que tenía en ése entonces, en el año 2000 la invité a ver al artífice de Dire Straits en el Auditorio Nacional, Mark Knopfler en vivo, me fascinó el baterista, el sultán Knopfler se lució, por supuesto, pero me falló mi novia, estaba su asiento al lado vacío, fue un poco molesto, pero a él no me iba a perder por nada del mundo, ni aunque me cantara Money for nothing, en fin yo tenía que estar ahí y ahí estuve.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MARCOS GARCÍA CABALLERO

 

Escritor, ensayista, escultor, filósofo y poeta (CDMX-1973)

 

AÚN CIERTO PASQUÍN WEB POR MARCOS GARCÍA CABALLERO

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